Meza de Redacción

La paridad en las candidaturas


En las elecciones federales de junio próximo se disputarán 500 curules de la Cámara de Diputadas y Diputados, 128 cargos en el Senado, y la joya de la corona, el cargo de Presidenta o Presidente de la República Mexicana. En el ámbito estatal, en Hidalgo se renovarán 18 diputaciones locales de mayoría relativa y 12 diputaciones locales de representación proporcional. En teoría, los resultados de dichas elecciones podrían garantizar que la mitad de estos cargos sea ocupada por mujeres, pero sólo en teoría.

Con la reforma el artículo 41 constitucional, y la expedición de las leyes generales de Partidos Políticos y de Instituciones y Procedimientos Electorales, dichos institutos están obligados a reservar 50 por ciento de sus candidaturas para mujeres. Ya pronto sabremos si la aplicación de esta reforma político-electoral en las próximas elecciones es en serio, o se trata sólo de una estrategia demagógica más para fingir que se trabaja por los derechos de las mujeres.

Además de la paridad, las normas ahora establecen que los partidos deben hacer públicos sus criterios de selección, y prohíben que asignen sus postulaciones femeninas exclusivamente en distritos electorales donde perdieron en comicios anteriores.

A diferencia de otros ejercicios político electorales en donde el machismo partidista ha visto cómo le hace para negar espacios a las mujeres, en esta ocasión no sólo las activistas estamos pendientes del proceso electoral, sino que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) han puesto ya en marcha el Observatorio de la Participación Política de las Mujeres.

Estas tres instituciones dicen que su Observatorio es "un proyecto para identificar los obstáculos y desafíos de la participación femenina en las elecciones, revisar el papel de los medios de comunicación en la promoción de las candidaturas femeninas, y analizar la violencia política contra las abanderadas".

Sin duda la paridad es un avance enorme, pero por sí misma no garantiza que todas las mexicanas resultaremos beneficiadas teniendo la mitad de congresistas mujeres.

Suponiendo que los partidos políticos sí respeten la paridad, pero postulen a mujeres que no tienen compromiso con el avance de todas las demás, que candidateen a mujeres misóginas que se benefician con la lucha de todas (gracias a la cual se logró la paridad y ellas llegan a los puestos de poder), para luego respaldar proyectos legislativos que van en contra de los derechos humanos de las mujeres. Las políticas que lleguen a los puestos de poder deberán tener conciencia de género, de lo contrario, poco habrá servido la batalla por los espacios paritarios.

La política de las mujeres es diferente a la de los hombres, no por naturaleza, sino por la manera en que hemos sida educadas. En una investigación realizada por la organización "Gente diversa" se obtuvo como resultado que en México las mujeres hacen campañas con modelos distintos a los hombres, porque ellas se promueven a "ras de tierra", mantienen cercanía con el electorado, con la población femenina, la juventud, con redes de amigas y amigos, y cuentan con limitados recursos económicos y materiales. Aun cuando la rivalidad entre mujeres es un pesado lastre que todavía no logramos vencer, las campañas suelen ser menos violentas cuando son mujeres quienes contienden.

La paridad está aquí y por fortuna es inevitable. Resulta muy probable que los partidos cumplan con las leyes electorales, sobre todo porque el INE estará vigilante del registro de candidaturas, sin embargo, no todos los partidos lo harán por convicción. Recordemos el botón de muestra de las elecciones de 2012 cuando los líderes de los partidos de la Revolución Democrática (PRD), Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI) se quejaron ante el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) y el TEPJF, al señalar que no podían cumplir con la cuota de género, que entonces estipulada al menos 40 por ciento de candidatas, porque argumentaban que sus militantes femeninas "no cubrían con el perfil" (como si todos sus militantes hombres fueran un dechado de virtudes y capacidades políticas, a la altura de Justin Trudeau, o de Xi Jinping)

Por lo anterior, no sorprenderá que el machismo de las dirigencias partidistas presente una mayor exigencia con el perfil de las mujeres, que con el de los hombres.

Estos machismos particulares, poco visibles y muy difíciles de erradicar aun con la ley de nuestro lado, son los que en los próximos meses nos dejarán ver campañas con recursos económicos más limitados para las candidatas que para los candidatos, así como campañas cargadas de violencia política por género, basada en el desprestigio contra las candidatas, más centradas en la vida privada y la sexualidad, que en el desempeño político. Estaremos pendientes.

@taniamezcor
FB: Tania Mezcor