El pozo de los deseos reprimidos

Los contenidos en 2017

Hablemos, por favor, de los contenidos que vimos en la televisión de 2017.

¿Existe algo que una a las narconovelas que se produjeron en México con los grandes fenómenos internacionales?

¿Sí es muy diferente lo que hicimos aquí a lo que se hizo en las grandes potencias mediáticas del mundo?

2017 comenzó, oficialmente, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Ahí sucedió algo fundamental: Por un lado, las noticias se convirtieron en algo cada vez más demandado y, por el otro, la televisión encontró a su nuevo villano.

Como las noticias se convirtieron en algo cada vez más demandado, vimos cambios hasta de horario en los servicios informativos más importantes de nuestra nación y el nacimiento y/o evolución de más canales especializados como adn40, ExcélsiorTv y El Financiero-Bloomberg.

Como la televisión encontró a su nuevo villano, súbitamente Trump se transformó en el ajonjolí de todos los moles y empezaron a suceder cosas raras en cuanto a producción y programación.

¿Qué cosas? Nuestras televisoras se comenzaron a parecer más a las de Estados Unidos que a las de México.

De un día para otro, los personajes de nuestras telenovelas se pusieron a hablar en inglés como si eso fuera lo normal aquí y en materia de temáticas, esto se llenó de conflictos más de los latinos que viven del otro lado de nuestra frontera norte que de los que viven las familias por acá.

Y fuimos y venimos de Rosario Tijeras a La piloto, de La doble vida de Estela Carrillo a La fiscal de hierro y de Mi marido tiene familia a Su nombre era Dolores.

El muro, el muro, el muro. ¡Todos contra el muro! Y como parte de esta nueva biculturalidad a más de una telenovela le dio por sentirse serie y anunciar que algún día regresaría con una temporada dos.

Las audiencias, aterradas ante este caos de violencia, idiomas y formatos terminó refugiándose en los títulos más ancestrales que encontró como La rosa de Guadalupe, Como dice el dicho, Mujeres, rompiendo el silencio, El Chavo y María de Todos los Ángeles.

Pero si usted piensa que este retorno al origen fue exclusivo del público mexicano, le tengo noticias: fue global.

Y, por lo mismo, vimos el regreso de conceptos que creíamos más que superados por el tiempo y el espacio como Will & Grace, 24: Legacy, Prison Break y The X-Files.

Lo más curioso de 2017 fue la obsesión política tanto a escala nacional como internacional.

Mientras que aquí nos la pasamos asesinando presidentes en Ingobernable y en la temporada dos de La hermandad, en Estados Unidos le dedicaron American Horror Story al fenómeno Donald Trump.

Y ni hablamos de los spots electorales o de las coberturas electorales del verano pasado porque entonces sí no vamos a acabar nunca.

2017 fue el año del poder en la televisión, de políticos atacándose hasta por debajo de las piedras, de Game of Thrones, de The Crown, de Vikings, de House of Cards y hasta de Drunk History.

Lo más interesante fue, una vez más, la reacción de las audiencias.

¿Me creería si le dijera que en 2017 vimos más series de superhéroes que nunca antes en la historia de la televisión?

¿Me creería si le dijera que los televidentes de aquí y de todo el mundo huyeron despavoridos hacia los contenidos religiosos?

Y así fue como llegaron Legion, The Defenders, The Tick, The Punicher, The Gifted, Inhumans y muchas otras propuestas más que se sumaron a lo que ya había con Supergirl, Legends of Tomorrow, Jessica Jones, Arrow y Luke Cage.

Y así fue como llegaron Moisés y los diez mandamientos, Josué y la tierra prometida, Los milagros de Jesús y Lázaro, el pobre que tocó el cielo, entre muchas producciones bíblicas.

Es como si muchas personas estuvieran luchando por compensar la excesiva presencia de los contenidos del poder, como su estuvieran buscando algo parecido a la esperanza.

Y cómo no, si en los últimos 12 meses, además de todo esto, vivimos terremotos dentro y fuera de la televisión y fenómenos como el de la perrita Frida y el de la niña Frida Sofía.

Por eso, cuando vienen y me dicen que las multitudes le rinden culto a 13 Reason Why o que idealizan emisiones como Stranger Things, yo no me sorprendo.

¡Cómo no lo van a hacer si en ellas hay un pretexto para integrar a las familias! ¡Cómo no lo van a hacer si en ellas se pueden poner sobre la mesa temas tan importantes como el del suicidio adolescente!

¡Cómo no lo van a hacer si son un ejercicio de nostalgia, un retorno al origen, una invitación a tener fe justo cuando del otro lado están Donald Trump, los narcos y un montón de horrores!

Hablemos, por favor, de los contenidos que vimos en la televisión de 2017.

Contrariamente a lo que se comenta en las redes sociales, yo creo que aquí se movieron muchas cosas, que hubo una gran evolución. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com