Meghan Markle, aire fresco para la familia real

La actriz estadounidense, de mentalidad independiente e incluso política, ayudará a renovar la monarquía británica cuando se convierta en esposa del príncipe Harry.
Meghan Markle, la prometida del príncipe Harry
Meghan Markle, la prometida del príncipe Harry (AP)

El día de Navidad pasado la Reina estaba demasiado enferma para asistir a la iglesia. Poco después, Felipe, su esposo de 96 años, se retiró de las actividades públicas. Hubo rumores de que el siguiente desfile real sería un funeral.

Pero después llegó Meghan Markle, una actriz californiana de televisión de 36 años de edad. Su compromiso con el príncipe Harry, de 33 años, recién anunciado, llevó una nueva explosión de luz de sol real.

Markle es la adición más interesante a los Windsor desde Diana Spencer, en 1981, o Wallis Simpson, en 1937. Su compromiso ya ayudó a distraer a Gran Bretaña de las divisiones en torno al Brexit. La boda, programada para mayo próximo en el Castillo de Windsor, probablemente sea el momento televisado más grande de la unidad nacional desde los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

Pero la llegada de Markle promete algo más: la renovación de una monarquía que, con todo y su popularidad actual, siempre corre el riesgo de caer de la gracia de la sociedad que lidera.

Markle nació y creció en Los Ángeles. Es hija de una trabajadora social de raza negra y un director de iluminación de televisión, quienes se divorciaron cuando ella tenía seis años. Estudió teatro y relaciones internacionales en la Universidad Northwestern; se empleó en trabajos extraños —entre ellos en la embajada de Estados Unidos en Argentina—y logró labrar su camino en la actuación.

En  2011 se casó con Terry Engelson, quien actualmente es productor. Se divorciaron dos años después. Ahora él trabaja en una comedia sobre una divorciada estadounidense que se casa con un miembro de la realeza británica.

En Hollywood, Markle batalló para encajar en las categorías estándar. Al ser de raza mixta, podía “audicionar casi para cualquier papel”, pero terminó como un “camaleón étnico que no podía encontrar un papel”, escribió en la revista Elle en 2015.

Suits era diferente. El programa de televisión por cable es un melodrama sobre un bufete de abogados estadounidenses. Una cita que ejemplifica al programa: “Responda la pregunta o ¡recurra a la quinta enmienda!”. Markle interpretó a una asistente legal, leal y competente; al principio el guión la describía como chismosa, pero al final encabezó una acusación contra el acoso sexual y la discriminación racial.

Ella es una buena actriz, pero Harry no la había visto y tampoco muchos británicos. Suits se transmitió en Dave, un canal británico de segundo nivel, y en su sexta temporada alcanzó un máximo de apenas 500,000 espectadores. Dave canceló el programa este verano.

Markle es una mezcla de intensidad a veces dulzona. Su sitio web, llamado The Tig, por un vino italiano que le encantó, celebra esa “comprensión que implica vivir tu vida al máximo hasta que revienten las costuras. Una alegría desenfrenada. Una curiosidad insaciable”.

Habló por los derechos de las mujeres, remontando su interés por el activismo a los disturbios de 1992 en Los Ángeles, y a las visitas que hacía con su madre a los barrios pobres.

El verano pasado, un amigo en común le presentó a Harry, y los dos pasaron tiempo juntos en Londres, Botswana y Canadá. Para noviembre de ese año, se vio inmersa en la oleada de interés que despertó en los tabloides, lo que llevó al palacio de Kensington a emitir una declaración criticando “los matices raciales de los comentarios”.

En 2010, 52% de los británicos pensaba que se iba a abolir la monarquía en 2050. El año pasado, esa cifra descendió a 16%, según los encuestadores de YouGov.

De hecho, de vez en cuando parece que los únicos que no están contentos con la monarquía son los mismos Windsor. Harry, el rebelde real, dijo que nadie en la familia quería convertirse en rey o reina. Personalmente, “nunca me he sentido cómodo” con el interés que tienen los medios en él, y sería comprensible que los culpara por la muerte de su madre.

Harry también dijo que “trató de advertirle” a Markle sobre la vida real, de la cual no tenía mucha idea. Pero la estadounidense tiene una oportunidad de pelear. Ella ya es unos meses mayor que Diana cuando murió. Markle dice que evita leer las noticias que salen sobre ella; mientras que la princesa de Gales estudió minuciosamente la cobertura. Ella tiene su propia identidad, una foodie aficionada al Pilates, que adora a sus dos perros y es amiga de la estrella del tenis Serena Williams.

Al igual que una serie de televisión, la monarquía se beneficia de un sólido elenco de apoyo. Como duquesa, y esposa del quinto en la línea del trono, se esperará que Markle se vea glamorosa y disfrute hacer vagas declaraciones de motivación. Todo lo que el palacio de Buckingham necesita es preparar el capuchino de leche de almendras. Si ella anhela normalidad o libertad, todo será más complicado.