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Lunes , 18.06.2018 / 15:48 Hoy

La Santa Muerte más grande del mundo está en México

El templo de Tultitlán, en el Estado de México, tiene una imagen de 22 metros de altura y seis metros de base que es venerado desde hace 10 años. 

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EFE

El templo de la Santa Muerte de Tultitlán, en el Estado de México, cumplió diez años con cientos de devotos que rindieron culto a la imponente figura que domina el espacio, la imagen de la "Niña blanca" más grande del mundo.

Con 22 metros de altura y seis metros de base, una gigantesca estatua se erige en este municipio colindante a la capital mexicana.

Está hecha de fibra de vidrio, viste de negro y extiende sus brazos. Sobresalen sus esqueléticas manos y calavera.

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La imagen, que se divisa de lejos en esta zona de inmuebles bajos, es sin duda tenebrosa. Pero para sus devotos es un oasis de esperanza, paz y amor.

[El templo abrió sus puertas hace 10 años. Foto: EFE]

"Es un culto hermoso, ancestral, y me siento orgullosa de pertenecer a él porque aquí todos son bienvenidos. Son vistos como hermanos, no importa ni el color de la piel, ni el estatus social, ni las preferencia sexuales. Aquí todos somos hermanos", dijo a Efe Enriqueta Vargas, la "madrina" del templo.

Vargas lleva hoy un peculiar vestido con reminiscencias aztecas. Y en la entrada del recinto recibió con un cáliz con incienso a una peregrinación de un centenar de personas.

La procesión, con varias imágenes de la Santa Muerte, fue encabezaba por una serie de danzantes aztecas, que hacían sonar enormes caracolas y daban fe del sincretismo religioso de este culto denostado por la iglesia.

El culto a la Santa Muerte tiene un pasado enigmático y según diversos investigadores se remonta a 1795, cuando los indígenas adoraban un esqueleto en un poblado mexicano.

[Feligreces de todas partes de México se dan cita en el templo de Tultitlán. Foto: EFE]

Se mantuvo en secreto durante casi dos siglos, y en la capital empezó a proliferar en la década de los cuarenta del siglo XX.

La eclosión del fenómeno, que dice tener unos doce millones de fieles en todo el mundo, se produjo a mediados de los noventa.

  • "La Niña" milagrosa

Desde primera hora de la mañana este templo, que se abre cada día, era un hervidero de devotos llegados de todo el territorio mexicano como los estados de Veracruz, Hidalgo o Guadalajara.

Saludaban a la gran imagen, se arrodillaban, rezaban y se tomaban fotos con ella. También visitaban los nichos que hay alrededor con figuras tan curiosas -para la Iglesia, blasfemas y fruto del demonio- como una imagen de la Santa Muerte con un Jesucristo moribundo en brazos.

Algunos de los feligreses iban en comitiva y otros por su cuenta como Lito Fregosi, arribado de Tampico,Tamaulipas, a unos 475 kilómetros de la capital.

A sus 38 años, lleva 26 venerando a su "flaquita" y cargaba en sus brazos una figura de unos 50 centímetros a la que le daba cada cierto tiempo besitos.

"Ella me ayuda. Ella me cuida. Es una madre", afirmó a Efe este hombre que empezó a rendirle culto de adolescente, cuando se escondía de sus padres y la veneraba con una diminuta imagen de ella que ocultaba en una caja de cerillas detrás del refrigerador.

[Los asistentes dan ofrendas a las imágenes. Foto: EFE]

Hoy tiene más de sesenta imágenes en su casa y toda su familia es también devota, un prueba más del magnetismo de este ídolo.

Teresa Hernández acude con buena parte de su familia. Incluso un bisnieto de meses que pronto será bautizado en este recinto, que también celebra bodas.

Teresa llevaba consigo seis figuras y su historia muestra la vinculación que se hace de este culto a los bajos fondos, incluso al narcotráfico.

Ella fue iniciada a este ídolo a través de unos amigos de su hijo, que estaban en prisión y le obsequiaron con un cuadro de la Santísima.

"Ahora sí que todos los malandritos tienen su Santa Muerte, pero nosotros no somos malos", aseveró la mujer, que dijo poder "sanar" a través del "potencial" que le confiere la santa.

  • Un templo también para católicos

Este templo tiene un pasado teñido de sangre. Lo abrió Jonathan Legaria Vargas, un predicador radiofónico conocido como el Comandante Pantera, hace una década. Pero el joven murió acribillado a balazos poco después, y fue su madre Enriqueta quien le tomó el relevo como líder del culto.

[Muchos de los devotos de la Santa Muerte son católicos. Foto: EFE]

La Santa Muerte es también venerada por desamparados, marginados y minorías. Cristal es una chica trans de 29 años y tiene seis siendo devota, entró al culto a través de un amiga también transexual.

"Me ayuda a ser lo que soy, me ayuda a salir adelante y de los problemas. Ella no juzga", explicó a Efe.

Aunque muchos de los devotos de la Santa Muerte siguen siendo católicos, el culto también abraza aquellos que se han alejado de la iglesia.

Como Berta, una mujer de 60 años que confesó a Efe que desde hace meses cambió el catolicismo por este culto. "La Iglesia sólo piensa en el dinero, en el puro dinero", criticó.


mrf

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