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Lunes , 18.06.2018 / 03:06 Hoy

La salud: una política de estado

Para el estado mexicano, la protección a la salud ha sido prioridad y eso nos ha permitido ganarle terreno a la enfermedad.

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José Narro Robles

Los sismos del 7 y 19 de septiembre, al igual que sus réplicas, nos han recordado la fragilidad y que nada es más importante que la vida y la salud. Cuando esta última se pierde, no hay bien material que la compense. Sin salud casi nada es posible. Donde no existe prevalecen las carencias, la falta de oportunidades y no se vive a plenitud.

La salud es un derecho humano fundamental; un igualador social insustituible; un elemento de inclusión y estabilidad; una condición necesaria para los procesos de desarrollo económico y productivo, y el derecho a la protección de la salud es una obligación esencial del estado mexicano. Por ello, ha sido y es parte fundamental de la política social.

En materia de salud hemos avanzado mucho en las últimas décadas. Los éxitos del sistema público se deben, en gran parte, a que la atención de la salud ha constituido una verdadera política de Estado por mandato constitucional. Para la continuidad de la política de salud no ha importado quien sea la o el titular de la Secretaría de Salud y tampoco si la sociedad ha optado por la alternancia política.

Uno de los instrumentos fundamentales ha sido el programa preventivo de vacunación, que se ha mantenido y su éxito se demuestra con más de un cuarto de siglo sin polio. Tampoco tenemos sarampión, ni rubeola congénita y están controladas la tosferina, la difteria y el tétanos. Durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se han aplicado más de 400 millones de vacunas, con una inversión superior a los 30,000 millones de pesos. Pocas inversiones tan productivas como esta.

Uno de los indicadores más sensibles de las condiciones sociales de una colectividad es la mortalidad infantil. En nuestro país esa tasa disminuyó. En 1950 fallecían 132 de cada 1,000 niños menores de un año y en 2015 bajó a 12.5. Esa tasa, en la actual administración, ha disminuido 6%.

Por la continuidad de la política de salud, entre 1950 y 2015 la esperanza de vida al nacer pasó de menos de 47 a 75 años, tuvimos una ganancia de 28 años en la esperanza de vivir. La tasa de mortalidad general, por su parte, tuvo una disminución notable en el mismo periodo: 66.7%.

Estos logros se deben al mejoramiento de las condiciones de vida de los mexicanos, a las innovaciones en la medicina, a la gran infraestructura médica que se ha construido y, de manera fundamental, a las capacidades y el compromiso de los trabajadores de la salud.

Durante el actual gobierno se ha mejorado la cobertura y el acceso a los servicios de salud. Según las mediciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, entre 2012 y 2016, 9.6 millones de personas han dejado de sufrir la falta de acceso a estos servicios de salud.

Otra acción relevante ha sido la instrumentación de compras consolidadas de medicamentos y material de curación, compras conjuntas entre instituciones del sector público de la salud y las entidades de la federación que deciden participar. Mediante este esfuerzo de coordinación interinstitucional, en sus primeras cuatro ediciones, se han conseguido ahorros por más de 14,000 millones de pesos.

A pesar de los innegables avances, todavía, para muchos, el acceso real a los servicios de salud es una aspiración. Aún tenemos mucho por hacer para garantizar el derecho a la protección de la salud, con cobertura universal y servicios de calidad. Además de esto, seguimos enfrentando grandes desafíos. Entre los principales la epidemia de sobrepeso y obesidad, la diabetes y la insuficiencia renal, el embarazo en niñas y adolescentes, las enfermedades del corazón y los tumores malignos, la atención geriátrica, la salud mental y las adicciones.

Los retos son grandes, pero debemos ser optimistas ya que contamos con los recursos humanos y materiales para superarlos. Nuestra infraestructura es cercana a las 23,000 unidades de atención ambulatoria, casi 1,400 hospitales y alrededor de 90,000 camas censables.

Los trabajadores de la salud integrados por más de 200,000 médicos y 300,000 enfermeras, trabajan para que nuestros niños no mueran por causas que pueden evitarse; para que los adultos mayores tengan tranquilidad, seguridad y servicios médicos adecuados y de calidad; para que no exista exclusión; para que los pacientes y sus familiares sigan depositando su confianza en ellos. Esto lo hemos visto en estos difíciles días de los sismos de septiembre.

Mi mayor reconocimiento a los trabajadores de la salud. Para ellos un justo homenaje por su atención a la población necesitada, por acudir a los más remotos lugares, por trabajar con entrega y sentido humano para prevenir la enfermedad, aliviar el dolor, restaurar la salud y consolar a los pacientes.

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