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Viernes , 20.07.2018 / 19:11 Hoy

La diabetes, un dulce desafío

Y si lo que ha desencadenado esta epidemia que afecta a México es el estilo de vida, ¿no deberíamos empezar por ahí a combatir sus estragos?

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Leo Peralta

Para millones de mexicanos la historia comenzó con síntomas similares: sed, pérdida repentina de peso y deseos constantes de orinar. Análisis posteriores dieron con el diagnóstico: diabetes tipo 2.

Esta enfermedad, que se puede resumir como una resistencia de las células del cuerpo a una sustancia llamada insulina, se ha convertido en uno de los más grandes problemas de salud pública en México en virtud de su rápido crecimiento, sus costosas consecuencias y que de los cerca de 12 millones de enfermos, la mitad no sabe que la padece.

A diferencia de otras enfermedades crónicas, sencillas estrategias pueden prevenir esta enfermedad, resultado en buena medida de nuestra moderna vida.

Existen tres tipos de diabetes en humanos, pero el tipo 2 es la variedad más común de acuerdo con Anna Betina Bernstorff, coordinadora en la Asociación Metropolitana de Diabetes, “existe un tipo de diabetes llamado gestacional que afecta solo a ciertas mujeres embarazadas y la tipo 1 que suele afectar a menores de edad”.

En el caso de la diabetes tipo 2, existe un componente genético pero conductas humanas son responsables de su desarrollo, según el doctor Samuel Dagogo-Jack, investigador en el University of Tennessee Health Science Center (UTHSC) “cambios en la dieta y en los patrones de actividad física están detrás de los casos de diabetes tipo 2 en el mundo”.

Un gen llamado TCF7L2 propicia la aparición de diabetes tipo 2 en los humanos, pero el uso masivo de automóviles en ciudades poco amigables con la actividad física; empleos sedentarios que implican horas interminables sentado frente a un escritorio, y un estilo de vida que propicia la ingesta de alimentos procesados, son decisivos.

En opinión del doctor Dagogo-Jack: “la ingesta constante de alimentos altos en carbohidratos así como la poca actividad física, hacen que un exceso de azúcares, que aportan energía hacia las células, se mantenga en el torrente sanguíneo. Esto daña la capacidad de las células para procesar la insulina”.

La combinación de alimentación y sedentarismo provoca el incremento de la cantidad de tejido adiposo que dispara otros cambios en el organismo, de acuerdo con Anna Betina, “el tejido adiposo es un tejido que secretan hormonas como la adiponectina, que altera la capacidad de las células para procesar la glucosa del organismo”. Además, la grasa genera procesos inflamatorios en las células, que debilitan su capacidad para procesar insulina.


El costo de no prevenir

A la larga, la resistencia a la insulina, eje de la diabetes, genera afectaciones en órganos como los riñones, los ojos y las extremidades. Así, el tratamiento integral de la enfermedad (consultas y medicamentos) para alrededor de 6 millones de mexicanos representó gastos por más de 179,000 millones de pesos en 2013, de acuerdo con un análisis de la organización Funsalud.

Más aún, sus complicaciones: desde pies ulcerados hasta infartos cerebrales implicaron un costo adicional por más de 156,000 millones de pesos. Si se agrega el costo del ausentismo laboral, la invalidez y la muerte prematura por esta enfermedad, se agregan otros 183,000 millones de pesos.

¿El total? Un costo de alrededor de 518,000 millones de pesos anuales. Y tales costos se podrían duplicar si se toma en cuenta que existen otros seis millones de mexicanos que no han sido diagnosticados con la enfermedad.

No extraña que, en noviembre del año pasado, la Secretaría de Salud decretó una alerta epidemiológica en virtud de la gran cantidad de casos de diabetes tipo 2 y las muertes relacionadas con ella, que hacia 2016 superaron los 98,000 fallecimientos, cuando en 1980 los decesos relacionados con esta enfermedad fueron apenas 14,000.

Prevenir la diabetes es mucho mejor que curarla pero, ¿cómo hacerlo?


Nutrición, ejercicio y educación

Los dos pilares de la prevención están en la nutrición y en la actividad física. De acuerdo con el doctor Dagogo-Jack, “dejamos que la experiencia sensorial guíe nuestras decisiones al comer, pero esto ha sido aprovechado por industrias de alimentos procesados y bebidas azucaradas, quienes ajustan todo el tiempo su portafolio para decantarse por su oferta en lugar de vegetales frescos, agua simple y alimentos no procesados”. Los alimentos y bebidas industrializados incrementan la cantidad de energía almacenada como tejido adiposo y la glucosa en la sangre.

Desafortunadamente no todo es un asunto de elección. Los dilatados trayectos entre la casa y el trabajo hacen que la gente prefiera comer en establecimientos cercanos al sitio de trabajo y adquirir alimentos preparados en lugar de cocinar en casa.

Datos recopilados por el Observatorio Mexicano de Enfermedades No Transmisibles (OMENT) muestran que dos terceras partes de los establecimientos de venta de comida en México sirven a sus clientes alimentos de alta densidad calórica, es decir, alimentos fritos o procesados con altas cantidades de sal y azúcar.

El doctor Dagogo-Jack indicó que para impulsar la prevención vía nutrición, dos estrategias son necesarias: “la educación en nutrición de los niños es muy importante junto con políticas públicas destinadas a dificultar el acceso de alimentos con alto contenido calórico, medidas como el impuesto a bebidas azucaradas pueden ayudar a dificultar el acceso a bebidas azucaradas de bajo costo”. Bebidas azucaradas y alimentos industrializados tienen desde 2013 impuestos especiales.

El otro pilar tiene que ver con el incremento de la actividad física que balancea el consumo de energía en la comida, pero también ayuda a fortalecer el organismo, según Anna Betina, “el ejercicio aumenta la sensibilidad a la insulina, reduce el estrés, mejora el estado emocional y disminuye la cantidad de grasa, entre otros beneficios”. Pese a lo que se piensa, el ejercicio no necesariamente significa suscribirse a un gimnasio, “se puede comenzar con una caminata diaria de diez minutos e irla incrementando paulatinamente”.

Estas medidas se pueden complementar, si un médico lo considera conveniente, con un tratamiento farmacológico, según el doctor Enrique Carmona, médico y doctor en ciencias biomédicas, “algunos medicamentos pueden tratar el sobrepeso y la obesidad previas a la diabetes inhibiendo la sensación de hambre o estimulando la sensación de saciedad, lo que disminuye la ingesta de alimentos”.

La combinación de estas medidas preventivas permite reducir hasta en un 70% el desarrollo de diabetes tipo 2, de acuerdo con el doctor Dagogo-Jack: “el incremento de la actividad física hasta 150 minutos a la semana, la reducción en la ingesta de alimentos altos en calorías y una reducción de apenas 7% del peso total tienen una gran efectividad en prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2”.


Hay esperanza

La prevención de la diabetes puede ser más sencilla que otras enfermedades crónicas, puesto que no requiere inversiones masivas en fármacos o instalaciones sanitarias, “cuando en Jamaica se estableció un programa nacional para prevención de la diabetes no fue necesario construir nuevas clínicas”. Lo que se hizo fue “aprovechar instalaciones como iglesias y escuelas fuera de sus horarios de servicio para crear grupos de monitoreo y educación a población en condiciones de sobrepeso y obesidad”, indicó el doctor Dagogo-Jack.

En 2013, el gobierno federal publicó la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, cuya estrategia más visible es la campaña Chécate, Mídete, Muévete que promueve el control de peso y la adopción de un estilo de vida saludable, y donde participan organismos públicos de salud como el IMSS y el ISSSTE, así como la aplicación desde ese mismo año de un impuesto especial de 1 peso por litro a bebidas endulzadas y de 5% a los alimentos con alto contenido calórico como frituras.

El quinto informe de gobierno presentado en septiembre registra que en los dos últimos años la diabetes en la sociedad mexicana se ha mantenido estable desde 2015 con 9% de la población mexicana que la padece. Sin embargo, el camino de la prevención será largo, pues el tiempo corre y la cantidad de potenciales enfermos de diabetes es enorme.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Medio Camino, realizada el año pasado, 72 de cada centenar de mexicanos mayores de 20 años tienen problemas con su peso: 39 tienen sobrepeso y 33 algún grado de obesidad.


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