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Martes , 19.02.2019 / 13:24 Hoy

“Era la típica que iba a fiestas y acababa en un rincón”

Entrevista | CECILIA TOUSSAINT

La cantante, quien cumple 40 años de trayectoria artística, habla de su pasión por la cocina, la maternidad y de cómo vence el temor que todavía siente sobre el escenario, actividad que significa “regresar a casa”.
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Al observar el manejo escénico que tiene Cecilia Toussaint, (Ciudad de México, 1958) su desenvolvimiento ante 30 mil almas apostadas en el Zócalo, como sucedió en el concierto Voces de mujeres, es impensable que todavía lucha contra la timidez para ofrecer la potencia de su voz y encontrar la felicidad en compartir su talento con el mundo.

Emparentada con Jorge Negrete, celebra 40 años de carrera artística con un logro absoluto: ser considerada Patrimonio Cultural Vivo de México, es decir, ser profeta en su tierra, un logro algo acariciado por muchos.

¿Qué prendió la chispa para que te acercaras a la música?

La vida, la necesidad de hablar, comunicarte con los demás; siempre he sido bastante tímida, era la típica que iba a fiestas y acababa en un rincón viendo a la gente. No soy muy sociable, es raro que salga, me gusta mi familia, mi casa, mi vida… De niña era más tímida y encontré con la música un vehículo maravilloso de expresión.

Cantando me di cuenta de que no estaba sola, que podía soñar, volar e inventar; me despertaba y acostaba con música, además estuve rodeada de músicos toda mi vida, mi abuela me enseñó a tejer con canciones, con las puntadas inventaba melodías, era imposible que no terminara dedicándome a la música.

Hablando de esa herencia, ¿cómo eran esos momentos musicales?

Superbonitos, muy natural, era: “Te voy a enseñar esta puntada, se mete y enreda el hilo, se saca el punto; vente, vámonos al piano”. Empezábamos a jugar y hacíamos una melodía de la puntada, luego me ensañaba a cocinar y hacíamos la canción de la galleta o el polvorón, eso fue parte de mi vida, no conozco otra forma.

Tenía una bisabuela que tocaba el piano de forma maravillosa, llegaba todos los miércoles a comer a la casa y lo primero que hacía era sentarse a tocar horas; inventaba canciones todo el tiempo. Si te caías, por ejemplo, lo cantaba; si le platicabas algo lindo, también lo cantaba, así era mi vida, música por todos lados.

¿Cómo afrontas estar sobre el escenario, ante miles de personas, siendo tímida?

Es algo que he hecho toda la vida. Respiro profundo, me acuerdo de que es mi pasión y que a eso vine a este planeta, a comunicarme, a cantar, a hacer música y tocar corazones, si me lo permiten; cierro los ojos, me dejo ir y trato de ser lo más honesta que puedo, hacerlo con la mayor dignidad y con el mayor respeto. He tenido la oportunidad de estar acompañada por mi gente, de mis hermanos en muchos momentos.

Ahora mi hijo toca la batería conmigo, entonces también me siento cobijada, mi relación con los músicos con los que estoy trabajando siempre es muy cordial, cercana, entonces me siento protegida. Para mí, subirme a un escenario es como regresar a casa, porque jugaba con mis hermanos a hacer música, canciones, nos disfrazábamos y subíamos al escenario a tocar para mis papás y abuelos.

¿Qué está leyendo? «Acabo de terminar ‘Tiempo de alacranes’, ‘Cuello blanco’ y ‘Azul cobalto’», de Bef. (Foto: Especial)


¿Cómo recuerdas a esa Cecilia que en las fiestas prefería irse al rincón?

Sigo exactamente igual, pero la recuerdo aceptándola, queriéndola, conmoviéndome con ella. Me sigue pasando, no me es fácil, para que me abra cuesta, pero cuando dejo entrar, es para siempre, soy una gente muy leal.

En este andar, con el bagaje cultural en su familia, ¿qué más la apasiona?

La cocina, estoy empezando un curso de gastronomía mexicana con Yuri de Gortari. En mi familia todos los hombres son grandes cocineros. Me encanta inventar colores, sabores, combinaciones, es como jugar al alquimista, me encanta.

Me apasiona la maternidad, me encantan mis hijos, ahora tengo un nieto. Encontrarme como una mujer madura, como abuela, lo recibo con respeto. También me gusta la actuación, leer, el silencio, el mar, caminar, que hago cotidianamente... me apasiona la vida.

¿Qué se siente ser considerada Patrimonio Cultural Vivo?

Es muy conmovedor cuando llevas 40 años dándole la vida a tu trabajo y luchando por seguir adelante siendo congruente, haciendo las cosas dignamente y con respeto. Se siente muy bien y lo recibo con mucho respeto.

Hay Patrimonio Cultural Vivo para echar para arriba en este país, hay muchísima gente que se merece esa deferencia a todos niveles, pero agradezco haber sido yo la primera, suena muy fuerte, muy grande, y pues sí, son 40 años de esfuerzo y carrera.

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