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Domingo , 16.12.2018 / 16:33 Hoy

Pompa mata ficción

A fuego lento

No hay duda de que Gerardo Laveaga hizo bien la tarea. No solo ilustra cuarenta años de vacilaciones y asonadas sino que se muestra capaz de recuperar algunos pasajes desdeñados por los reflectores
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Valentín Gómez Farías y Lucas Alamán protagonizan Si tú quieres, moriré (Planeta, México, 2018), una novela de corte histórico que, como sospecha el lector, transcurre en los años convulsos que marcaron el nacimiento de México. No podían ser más distintos: aquél había llegado a la política por el camino de la medicina; éste había recibido la educación que prefiguraba la carrera de consejero del poder; un federalista y un partidario del centralismo; un devoto del modelo estadunidense y un nostálgico de España.

Hay que vérselas entonces con diálogos sofocantes en los que se traza el destino de la nación, cartas que se pretenden amorosas y son en realidad diatribas políticas, enojosas lecciones de historia patria y universal en boca de ministros, empresarios, diplomáticos, arribistas y militares que se inflaman con el alcance —siempre severo, muy serio— de sus palabras.

No hay duda de que Gerardo Laveaga hizo bien la tarea. No solo ilustra cuarenta años de vacilaciones y asonadas sino que se muestra capaz de recuperar algunos pasajes desdeñados por los reflectores y, aún más interesante, toma el riesgo de imaginar un México próspero, un modelo de desarrollo económico y social, libre de Antonio López de Santa Ana —quien muere al caer de su caballo—, que elige a Lucas Alamán como presidente. El curso potencial que Laveaga pone en marcha pudo resultar prometedor de no ser porque el celo historiográfico terminó acallando el impulso novelístico. Miramos para uno y otro lado y por ninguna parte reconocemos el veneno de la ficción. La torcedura en la que Laveaga confía no tiene el alcance cismático que exhibe, por ejemplo, Historia del cerco de Lisboa, de José Saramago, en la cual el mundo narrado sufre un vuelco a raíz de la sustitución de su “sí” por un “no”. En Si tú quieres, moriré, resulta intrascendente que el México de la primera mitad del siglo XIX sea el país que por desgracia no fue porque Laveaga solo parece interesado en demostrar sus conocimientos sobre los usos y caprichos del poder.

“El federalismo no consiste en crear otros países dentro del país sino en unir a las entidades federativas en la consecución de un ideal común”, leemos. Multiplique el lector esta frase por el número de páginas de Si tú quieres, moriré y obtendrá una imagen suficiente. Nos queda así la erudición y la grandilocuencia al servicio de la autoestima.

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