Retratos sintonizados

Artes visuales
Exposición Ricardo Nicolayevsky: dentro y fuera de cuadro
Exposición Ricardo Nicolayevsky: dentro y fuera de cuadro (Especial)

La exposición Ricardo Nicolayevsky: dentro y fuera de cuadro, que se presenta en la Sala de Arte Público Siqueiros, en la Ciudad de México, enfoca a uno de los artistas fundamentales del videoarte en México. En esta retrospectiva dialogan distintos medios, como el dibujo y la música, enriqueciendo la mirada inteligente de este artista que desde la década de 1980 se ha salido de la caja.

Compositor, performancero, cabaretero, Nicolayevsky ha sublimado estéticamente la improvisación y el accidente. Hijo de la línea norteamericana conceptual del video, su trabajo también coquetea con lo surrealista e inventa reglas propias tanto en lo formal como en la manera de observar al sujeto. Sus retratos y autorretratos, más que explicar a los personajes, los escuchan, los miran. Parecería casi obvio, pero no lo es; pocos retratos logran su cometido. Sus videos también son un espejo: a través de cómo mira a otros vemos al autor con sus obsesiones, su placer por la estética, su gusto por el artificio, la teatralidad.

La serie de videorretratos Lost Generation, que Nicolayevsky realizara entre 1982 y 1985, se ha convertido en una obra clave en la historia del arte mexicano. Más que un documento, como lo es para muchos estudiosos, exhibe la inteligencia intuitiva, el talento de un joven que durante sus años de formación en Nueva York logró sintetizar su curiosidad, su bagaje cultural, sus referencias intelectuales en un contexto que, si bien era el escenario del surgimiento del punk, no lo copiaban, aunque sí retomaba su espíritu provocador imprimiendo sus propias leyes creativas.

El acierto de estos retratos es que sintonizan la personalidad de los retratados. El autor los deja fluir, hace del azar una herramienta. Los personajes nunca se ven cohibidos por la cámara; se saben mirados y esa mirada los libera. Nicolayevsky coge la cámara como si fuera un lápiz. Así vemos bocetos que a lo largo del video se consolidan a base de movimiento puro y música, un elemento clave en su obra, al igual que la experimentación formal. Si las cintas de 8 mm no debían exponerse a cambios de temperatura, él las congeló y las sobrecalentó, arriesgando y reinventando el error, generando una narrativa única para cada pieza, personalizando las herramientas.

Nicolayevsky nunca se copia a sí mismo, para qué. Su obra traduce lo intangible de una persona, la hace visible y audible. La celebra porque el arte es una celebración de la vida. Y esta exposición así lo confirma.