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Gran Teatro de La Habana: el emblema del ballet en Cuba

Historia

Construido en 1834, este escenario histórico fue reabierto en 2016 tras tres años de restauración; por él han pasado figuras como Anna Pávlova y Barack Obama.
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Hace años, cuenta Ofelia —quien se ocupa de preparar cocteles y algunas delicias gastronómicas en el Hotel Plaza de La Habana—, "coger las entradas para el ballet en Cuba era muy fácil. Te estoy hablando del año 85, 90, cuando pocas personas iban al ballet. Ahora cuesta un trabajo… Se hacen unas colas muy grandes cuando empiezan a vender las entradas".

Y es que "hacer la cola" en la isla es una actividad recurrente cuando el olfato cubano detecta lo que es bueno, y el Ballet Nacional de Cuba —declarado Patrimonio Cultural de la Nación el pasado el 5 de julio— es uno de los más grandes tesoros de la isla, junto al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso (GTH), el cual reabrió sus puertas el 1 de enero de 2016, tras una exhaustiva restauración que duró tres años.

El edificio, ubicado en Centro Habana, inició como un pequeño foro llamado Tacón, construido entre 1834 y 1837. En 1906, gallegos instalados en Cuba lo compraron por unos 525 mil pesos de la época, además de la manzana en la que se encontraba, para construir el Palacio Social del Centro Gallego de La Habana, en el que, de 1907 a 1915, se llevaban a cabo eventos sociales de la comunidad gallega. 

A partir de 1915 el recinto se dividió en el Teatro Nacional y Palacio Social. Por eso existen dos entradas principales.

Antes, según Ofelia, "no había mucho público para las funciones, e incluso se crearon círculos de amigos del ballet en centros de trabajo, en los que se estimulaba a las personas para conocer y disfrutar de esta manifestación artística".

Fue así como el interés por el ballet creció en la isla y la gente empezó a abarrotar las funciones en el GTH. Para la década de los 80, ya se podía disfrutar de grandes bailarinas, entre ellas sus cuatro joyas: Mirta Plá, Loipa Araújo, Josefina Méndez y Aurora Bosch, así como a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, atual directora y coreógrafa del Ballet Nacional de Cuba.

Su escenario mide 25 metros de largo y 20 de profundidad. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO)

La grandeza y disciplina de Alonso (La Habana, 21 de diciembre de 1920) explican por qué los bailarines cubanos de ballet clásico siguen sobresaliendo a nivel internacional. La primera bailarina se retiró de los escenarios a los 74 años; entre sus reconocimientos tiene el récord de 36 fouettés interpretando al Cisne Negro en el ballet El lago de los cisnes.

En las escaleras centrales del GTH destaca una imponente estatua de la bailarina —doctora honoris causa por la Universidad de La Habana—, que fue develada el 1 de enero de este año, realizada por el artista cubano José Villa Soberón.

Una imponente estatua representa a la primera bailarina Alicia Alonso. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO)

Las mil 147 butacas del recinto no son suficientes cuando la compañía creada por Alonso, su esposo y su cuñado en 1948 se presenta en el GTH; incluso hay quienes venden entradas a los turistas a 30 CUC (moneda para extranjeros equivalente al dólar), a diferencia de lo que pagan los locales, que pueden acceder por 30 pesos cubanos, que equivalen a 1.25 CUC, siempre que lleguen a primera hora para hacer cola en la taquilla.

El escenario, en el que han bailado personajes de la danza como Anna Pávlova, Maya Plisetskaya, Fanny Elssler, Sasha Waltz, Vladímir Vasíliev, Maurice Béjart, Mijaíl Nikoláyevich y Antonio Gades, mide 25 metros de largo y 20 de profundidad, y tiene un foso con capacidad para 90 músicos.

Sin embargo, no sólo figuras legendarias del ballet han encontrado un espacio en el escenario de uno de los recintos culturales más importantes de Cuba: también lo han hecho personajes de la política, como Barack Obama, quien, como Presidente de Estados Unidos, dio ahí un discurso con motivo de la histórica visita de 2016, que tenía como objetivo restablecer relaciones diplomáticas entre los dos países,tras 88 años sin que un mandatario estadunidense pisara suelo cubano.

El escenario tiene un foso con capacidad para 90 músicos. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO)


Un accidente histórico

Desde los balcones del segundo piso del GTH se puede observar el recientemente remodelado Capitolio cubano, construido en 1929 e inspirado en el edificio estadunidense del mismo nombre, que alberga la tercera estatua más grande del mundo —17 metros de altura— bajo techo.

Abierto tras ocho años de restauración el 1 de marzo pasado, es uno de los atractivos arquitectónicos más valiosos de la isla y actualmente sede de la Asamblea Nacional.

Uno de los símbolos representativos, cuenta Michel Ardiel Toro, especialista en la historia del GTH, es la lámpara central, una réplica de la antigua araña del tacón, la cual colapsó tras una operación de limpieza en el año 1900. 

“Al bajarla, a la persona encargada de limpiarla se le cayó accidentalmente al lunetario y se rompió. Después de tantas arañas, finalmente ésta fue puesta el 1 de enero de 2016; es una donación de la oficina del historiador de la ciudad y extraída de la República Checa. Hecha de cristales de bohemia, contiene 108 bombillas, pesa media tonelada y mide tres metros de diámetro”.

Esa lámpara se encuentra en el centro de un fresco pintado por el valenciano Fernando Tarazona; frente a éste, arriba del escenario se encuentran nueve medallones que representan los primeros instrumentos musicales descubiertos en el mundo: arpa, gaita, gayola, lira, tambor y la flauta, entre otros.

'La araña', lámpara central emblemática del GTH. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO)

La fachada del GTH está custodiada por cuatro esculturas alegóricas de la beneficencia, la educación, la música y el teatro, obras del italiano Giuseppe Moretti.

El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso no sólo es valioso por su historia y por quienes han pisado su majestuoso escenario, también lo es porque está construido con mármol de Carrara —importado de Italia— considerado como el más bello y costoso del mundo. 

Su imponente construcción contrasta con las calles desgastadas de la zona conocida como Centro Habana donde convergen otro tipo de danzas y ritmos: el son y la salsa que acompañan la vida cotidiana de la isla.

El Capitolio cubano, visto desde el GTH. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO) El Capitolio visto desde el GTH. (Foto: Patricia Curiel | MILENIO)

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