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Sábado , 23.06.2018 / 02:59 Hoy

Grafitis para ser tocados

En tres puntos de la capital se encuentran muestras de este ejercicio de sensibilización para llevar esta expresión urbana a los grupos con discapacidad visual.

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Verónica Díaz

El proyecto alemán que consistió en hacer grafiti con traducción al braille se exhibe en Ciudad de México con ocho creaciones en tres puntos de la capital, como parte de un proyecto llamado Braille Style.

El objetivo de este trabajo es comunicar a las personas con discapacidad visual con las manifestaciones artísticas y de expresión inherentes a la calle, como lo es la escritura de grafiti, fenómeno cultural que existe en cualquier rincón del mundo.

“En alguna ocasión, el artista conceptual alemán Alexis Dworsky estaba platicando con una persona con discapacidad y se dio cuenta que esa persona no entendía qué era el grafiti. Alexis le decía, bueno, en el muro donde estamos platicando hay colores”, señaló Pablo Romo, productor de este proyecto en México.

Agregó: “El artista cayó en cuenta, entonces, que la gente con discapacidad visual no está muy al pendiente de lo que sucede en la calle, no solamente con el grafiti sino también con la arquitectura”.

Así, en 2015 Dworsky decidió dar vida al proyecto Blind Style, un desarrollo sensorial que permitiera a la gente con discapacidad visual la posibilidad de leer el grafiti existente en las calles. Fue así que el primer escritor de grafiti en ser parte de este proyecto fue el legendario escritor Loomit, quien comenzó a pintar trenes en la década de los años 80 en Alemania.

Dos años después Alexis Dworsky llegó a Ciudad de México, con el apoyo del Goethe Institut Mexiko de Alemania, para desarrollar el mismo proyecto con el nombre Braille Style, como parte de la quinta edición de Concreto, una actividad en torno a la cultura urbana organizada por Street Active Lifestyle.

La versión mexicana contó con escritores grafiti como Fikor, Fama, Ofier, Motick y Nuter, de Ciudad de México; Leidi, de Querétaro; Atomix, de Puerto Escondido, y Klase, de Guadalajara.

“Es un ejercicio de sensibilizar —dijo Romo— a toda la sociedad acerca de lo que existe en la calle, no hay día que no pases por una avenida o cerca de tu trabajo o en tu casa, siempre encontrarás un grafiti. Se trata de dar ese mensaje de que no solamente son manchas, lo que dice ahí es una estructura escrita con letras”.

De este modo, los ocho grafitis realizados cuentan con una especie de puntos gigantes en relieve, hechos con la misma técnica que las piñatas, es decir, papel periódico con engrudo. Son puntos que los transeúntes pueden tocar, hechos especialmente para personas con discapacidad visual. En la Galería Panteón permanecerán hasta febrero y se prevé que realicen visitas guiadas con grupos especiales.

“Estamos planeando traer un instituto que auxilie a personas con discapacidad visual para ver qué es lo que realmente experimentan ellos, yo solamente he tenido contacto con gente que lo ve, además es una invitación a que los artistas jueguen con más sentidos”, apuntó Andrés Medina, coordinador de la Galería Panteón.

En opinión de Romo, la naturaleza del grafiti es ser
anti-establishment, pero también tiene un sentido de comunicación profundo, según explicó.

“Simplemente es algo que tengo que hacer”

La historia reciente cuenta que a finales de los años 60 algunos adolescentes de la Ciudad de Nueva York empezaron a escribir sus nombres en las paredes de sus barrios, aunque en realidad utilizaban pseudónimos, creándose así una identidad propia en la calle. Estos chicos escribían para sus amigos o incluso para sus enemigos. Quizás el ejemplo más significativo y a la vez el más conocido por todos sea Taki 183, un chico de origen griego que a la edad de 17 años comenzó a poner su apodo. Su verdadero nombre era Demetrius, y 183 era la calle donde vivía. Con el tiempo escribir el nombre de la calle fue un elemento usado por muchos más escritores.

Taki trabajaba como mensajero y viajaba constantemente en el Metro de un lado a otro de la ciudad. En el trayecto estampaba su tag o firma en todos los lados, dentro y fuera del vagón. Él no lo consideraba como algo malo, de hecho respondía así a las preguntas que le formularon en una entrevista en el New York Times: “Simplemente es algo que tengo que hacer. Trabajo, pago mis impuestos y no hago daño a nadie”. Estos actos le convirtieron en un héroe y poco después cientos de jóvenes empezaron a imitarle.

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