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Martes , 19.06.2018 / 18:52 Hoy

Épica y telenovela

Hombre de celuloide

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Fernando Zamora

Me viene a la mente la imagen de un cincuentón que intenta convencer a su nieto cinéfilo de que Star Wars es el más grande fenómeno en la historia del cine. El nieto ve la película y, bueno, no le desagrada, pero está lejos de mostrar el entusiasmo que quiere el cincuentón que en esta analogía es la mercadotecnia mientras que el cinéfilo somos nosotros. Los últimos Jedi no entusiasma porque la hemos visto mucho. Toda la serie es un plagio a sí misma. Y aunque el universo ficticio ahí está, los personajes de Lucas no han dado el salto que dieron en la literatura los de Asimov y Herbert en las series Fundación y Dune, respectivamente. La crítica mundial está encantada con esta película pero a mí me parece mediocre. Es cierto que los decorados son magníficos, que el Montecarlo intergaláctico en que nuestros héroes buscan la clave para desarmar al Imperio es llamativo y que no hay ningún personaje tan estúpido como Jar Jar Binks, pero Mark Hamill enseña a su pupila a cortar piedras en la mitad del tiempo que le tomó al Kung Fu Panda aprender que en la gula estaba su poder.

La gran aportación de Lucas no está en haber vivificado al cine de samuráis. A decir verdad, películas como Rashomon o Los siete samuráis no necesitan que nadie las vivifique; no está tampoco en el misticismo hippie y ramplón de “La fuerza”, un concepto que quedó tan atrasado como la mariguana frente a las tachas de diseño. La verdadera aportación de Lucas está en haber revivido el cine de propaganda que se filmó en Estados Unidos a propósito de la guerra contra Japón. No olvidemos que un año antes de La guerra de las galaxias (1977) se estrenó La batalla de Midway, y como en ella, lo único que vale la pena aquí son las escaramuzas, los naves cayendo en picada y el hombre luchando contra sí mismo. Emociona, pues, el enfrentamiento de Kylo Ren contra Rey y el ejército imperial avanzando contra Skywalker. Todo lo demás sobra, entre otras cosas, porque es bochornosamente predecible: desde el fanático incontrolable que lanza un aullido cuando se escuchan las fanfarrias de Williams hasta el misterio en torno a chismes de la familia Skywalker que lejos de ser épicos saben más bien a telenovela.


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