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Martes , 19.06.2018 / 11:22 Hoy

Cuando bailas

Danza


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Argelia Guerrero

En la colaboración pasada reflexioné en torno al movimiento como unidad del discurso coreográfico y las distintas perspectivas desde las que se aborda. La coreografía ligada desde el movimiento a un discurso y a una epistemología son también una línea temática que ocupa la reflexión de quienes trabajamos y pensamos la danza.

Múltiples trabajos coreográficos han abordado distintos temas de su entorno para hilar discursos dancísticos que entablen comunicación con su comunidad.

Para esta, mi última entrega del año, quiero contar la experiencia que, como bailarina, viví hace unos meses y de la que han surgido varias de las reflexiones aquí expuestas.

A invitación del EZLN participé en la segunda edición del Festival CompArte por la humanidad al que fueron convocados artistas de todo el país y del mundo que así lo desearan.

Pensar en un trabajo dancístico que me representara a mí y que al mismo tiempo comunicara y resultara familiar a mis interlocutores supuso semanas de pensar y elegir dinámicas de movimiento, matices, símbolos y músicas para construir, literalmente paso a paso, un discurso que fuera significativo.

Hacer danza en espacios distintos a los teatros plantea un reto que podemos considerar parte fundamental de la creación misma, pues cada particularidad del espacio también resulta un factor en la elaboración del discurso coreográfico.

Me confronté en más de una ocasión con secuencias de movimiento estilizadas, pero que poco me servían para comunicar mi idea y que me llevaron a problematizar la danza mexicana desde una óptica descolonial. No lo logré. Queda mucha reflexión seria, profunda y colectiva por delante. A pesar de ello quedaron unidades de movimiento que sirvieron para tejer una línea temática y emotiva con la que deseaba conectar y comunicarme. La música de León Chávez Texeiro inspira, desde hace tiempo, una danza que me representa y con la que siento comodidad en lo temático, pero que supone retos en las dinámicas y en la estructura del espacio, y con la sintaxis de movimiento que exige su métrica.

Un templete de tablones bien lijados fue el escenario. Calenté el cuerpo mientras daba sorbos nerviosos a mi café.

Comenzó la danza. Al final un ejército de ojos tras sus pasamontañas con la pregunta: “¿Qué sientes cuando bailas?”

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