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Martes , 13.11.2018 / 19:20 Hoy

Bugs Bunny con metralleta

CRÓNICA

El horror se enfrenta con humanidad instintiva, pero no será vencido mientras siga siendo abstracto en el pensamiento de los políticos.
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Los mataron a golpes y les abrieron la piel para marcarles una “U” en el pecho. Descuartizaron sus miembros y los arrojaron desde un coche blanco en lo alto del puente vehicular de la calzada Ricardo Flores Magón, hacia Insurgentes, colonia Nonoalco. Los pedazos quedaron esparcidos en el carril del Metrobús el 17 de junio a las 5:20 de la mañana, dos semanas antes de las elecciones presidenciales. Y entonces se desvaneció la mentira: el horror también controla la vida en la capital. Un horror que ha desollado el cuerpo del país y, sin embargo, en el discurso de los candidatos el horror permanece velado, ambiguo, es algo pasajero, como si México avanzara con normalidad y no estuviera disuelto en una guerra. La brutalidad es la única realidad inmediata. Va antes que la ideología y va antes que la democracia.

A nivel individual, el horror se asume y enfrenta con humanidad instintiva y profunda: cantando, adoptando perros y haciendo el amor con pasión desbordada. Pero el horror no podrá ser vencido mientras siga siendo abstracto en el pensamiento de los políticos. El peligro de las abstracciones radica en que no tienen rostro, y a las cosas ocultas es imposible enfrentarlas. AMLO: es el horror, no la mafia. Bronco: es el horror, no la expropiación de un banco. Anaya: es el horror, no prisión para Peña. Meade: Es el horror, no defender la Casa Blanca.

Mientras los candidatos no humanicen ese horror, mientras sigan hablando del horror en una dimensión espectral, las calles mexicanas seguirán siendo gobernadas por balaceras, descuartizados y sicarios circulando en motonetas.

El nuevo Presidente debe cambiar su mirada; mirar al horror de frente y entonces, durante su primer discurso, construir desde el dolor y la angustia una narrativa distinta. Que el nuevo Presidente diga: No es el hijo de Sicilia, es Juan Francisco, jugaba futbol de medio creativo y le desgarraron los pulmones. No son los estudiantes de cine: Es Javier Salomón Aceves Gastélum, lucía una larga barba rojiza de marinero eslavo y su imaginación partía del mar y del ritmo; es Marco Francisco García Ávalos, usaba gorra azul y su imaginación tendía hacia un misterio hermético; es Jesús Daniel Díaz García, sonreía ante recuerdos de nieve y su imaginación se exaltaba desde el frío. Construir juntos una película era lo único que querían. Los asfixiaron con sogas y disolvieron sus cadáveres en ácido.

Que también el nuevo Presidente dé nombre a los restos humanos que se encontraron en el puente en Nonoalco. Que diga: Alfonso Delgado Pérez y Francisco de Jesús Oropeza no tenían ni 20 años y al segundo lo identificaron por un tatuaje de Bugs Bunny con metralleta en su antebrazo. Si el nuevo Presidente no dice nada de esto, el horror en México seguirá siendo abstracto durante otros seis años. Una abstracción abismal; y las abstracciones, al carecer de forma concreta, son estructuras sin salidas.

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