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Martes , 20.11.2018 / 17:28 Hoy

Los retos y las soluciones para romper barreras en la vacunación

Sustentable

Hace 25 años inició en México el programa para la inmunizaciónuniversal, pero aún hay personas que no tienen acceso.En las ciudades los esquemas se han podido realizar ampliamente, pero el problema son las zonas marginadas.
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La lista de barreras que tuvieron que romperse para que Carolina (nombre ficticio para mantener su anonimato), de cinco meses de edad, recibiera atención médica urgente fue larga. Podríamos comenzar por el kilométrico y accidentado camino desde una ranchería hasta la ciudad, o por las pocas monedas que llevaban su madre y su tía. Después, llegar a una ciudad en donde su lengua materna es un misterio a oídos de los médicos, quienes en español preguntaron a la familia de Carolina por un documento que no conocía: la cartilla de vacunación.

Pieza clave, dijo la pediatra infectóloga María del Carmen Espinosa Sotero, quien recibió a la niña con un cuadro complejo: padecimiento crónico y alto grado de desnutrición. Saber de sus vacunas habría ayudado a definir la ruta a seguir. Finalmente, el ralo español de la tía y el lenguaje universal de las señas ayudaron a resolver el problema. “Me dijo que no tenía las vacunas porque en su comunidad no acuden a aplicarlas”, narró.

Para Marte Hernández Porras, infectólogo pediatra del Instituto Nacional de Pediatría, existen más casos como el de Carolina, en el que la lejanía, los terrenos de difícil acceso y la desinformación complican que no solo recién nacidos y niños tengan acceso a vacunas, sino también el resto de la comunidad y en particular los adultos mayores. “Tenemos que ser más agresivos para llegar a los lugares más remotos. A nivel de la población de una ciudad, los esquemas son muy buenos; el problema es cuando salimos y hay mucha población flotante”, explicó.

EL COMIENZO

Hace 25 años inició en México el programa de vacunación universal, recuerda el doctor Miguel Ángel Nakamura López, jefe del Departamento de Enfermedades Prevenibles por Vacunación. La experiencia acumulada resulta hoy en claridad de retos y soluciones para quienes conforman este sector de salud pública.

Lejos de aquellos días de los años 90, cuando comenzó la difusión, un camión que traslada dosis del cuadro básico de vacunación, en termos refrigerados a una temperatura entre cuatro y ocho grados centígrados, llega a Santa Cruz Tezontepec, un poblado del municipio de Ocuilán, Estado de México, a 49 kilómetros de su capital Toluca.

“Son personas que vienen de todas las agencias municipales y rancherías cercanas a Santa Cruz, a la fiesta de vacunación. Es grandioso", contó Nakamura López, quien encabeza la jornada. Mujeres, niños y personas de edad avanzada se concentran en la plaza.

Pero aún hay otro paso, otra barrera a romper: la desinformación. “Algunos papás deciden no vacunar a sus hijos porque dicen que ésta puede condicionar algo malo; incluso hemos detectado que por aspectos religiosos se impide la vacunación", dijo el infectólogo Hernández Porras.

La no inmunización resulta en un riesgo no solo para el paciente en cuestión, sino para la comunidad. “No tener adecuadas tasas de vacunación puede hacer que la enfermedad regrese”, explicó la pediatra Espinosa Sotero y pone el ejemplo de Europa. Tan solo en el último año se han presentado 41 mil casos de sarampión, lo cual, según la experta, se considera como “la peor crisis desde que regresó la enfermedad”. Otro ejemplo que ofrece es el regreso de la difteria a España después de 30 años sin reportes, que ya le costó la vida a un niño.

En México, desde 1991 no hay poliomielitis; también se considera bajo control el hemofilos influenza tipo B y el tétanos natal. Además, desde 1998 no existen reportes de casos de sarampión. Esta última enfermedad fue catalogada como pandemia, y entre 1989 y 1990 se extendió desde Alaska hasta la Patagonia cobrando cinco mil víctimas mortales en México.

Fue entonces cuando comenzó a esbozarse un plan de inmunización y de coberturas: vacunar a los niños a partir del año de edad y después de entre cuatro y seis años, un orden que ha ido evolucionando con los años y sumado modificaciones en vacunas como la pentavalente y la hepatitis b.

El esquema inicial plantea una secuencia de vacunas a los dos, cuatro y seis meses de edad. El resultado es una tasa de vacunación de 92 por ciento al año de vida; sin embargo, los especialistas del sector salud han observado que los padres acuden a destiempo a las aplicaciones. “Si se pusiera la vacuna una por una la cobertura sería bajísima”, abundó Hernández Porras.

Al cúmulo de barreras que complican la aplicación de vacunas se suma el constante extravío de la bitácora en forma de librillo en donde son registradas. “Todo puede mejorar mucho con una cartilla electrónica y la Secretaría de Salud trata de desarrollarla”, adelantó el doctor Marte, quien recordó dos tareas que involucran a todo el país: educar al sector médico que no maneja vacunas y a la población en general para que exija vacunas.

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