Bob Dylan es lo de hoy
Dylan y su banda ofrecieron una actuación que no dio tregua, provocando los alaridos de los fans que asistieron a su concierto.
Parco, como siempre, sólo presentó a los músicos de su banda.
México • Un tráfico intenso y ruidoso en la calle de Dakota, unos cuantos vendedores de camisetas de mala calidad, más la oferta de boletos “a menos del precio”, recibían a quienes iban a ver a Bob Dylan al Pepsi Center la noche del viernes. Pepsi —piensa uno— no ha cambiado su sabor en tantos años, mientras que Dylan se reinventa siempre. No se puede negar que Dylan sí es lo de hoy.
El foro parece un hoyo fonqui, bien arreglado, pero al fin hoyo fonqui. En la sección más grande no hay sillas, el piso es de cemento, el escenario está casi al ras del suelo y las cervezas —más espuma que líquido— se venden en 80 pesos.
A golpes de guitarra bluesera, Dylan y su grupo emergen de la oscuridad con un sonido seco, directo, rudo y filoso. Sin embargo, hay que contentarse con escucharlos o tratar de cachar un pedacito de cabeza o una mano levantada, pues el escenario está construido a una altura en la que la mayor parte de la gente no puede ver.
Por fortuna hay mucho qué escuchar. Además, hay que seguir el juego juego creativo de Dylan: ¿cómo reinventará esta vez tal canción, a qué ritmo ejecutará aquélla, reconoceremos la que nos enloquece? Es más fácil adivinar a ojos cerrados.
La voz cascada hila canciones que parecemos reconocer, varias de ellas de sus discos recientes, donde se ha reencontrado con ciertas formas de blues y country. Cada pieza es recibida con gritos y chiflidos, mas cuando toca la armónica la gente lanza alaridos.
Por fin suena una canción más conocida, “Tangled Up in Blue”, aunque con otro maquillaje. Y uno piensa que fue escrita para uno, como leemos en la antología Bob Dylan. Letras 1962-2001 (Global Rhythm/Océano, 2011): “Entonces abrió un libro de poemas/ Y me lo entregó/ Lo había escrito un italiano/ Del siglo XIII/ Y sus palabras sonaban tan ciertas/ Y luminosas como un carbón ardiente/ Desprendido de cada página/ Parecían escritas en mi alma para ti/ Enredadas en la tristeza”.
Dylan arroja los largos versos de “Desolation Row”, una de sus piezas clave. Escrita en 1965, en una entrevista dijo, en tono burlón, que “el pasaje de la desolación” se localizaba “en algún lugar de México”. ¿Qué pensará de nuestros pasajes actuales?
De manera recurrente usa un sonido de órgano como el de las viejas ferias de atracciones que nos abraza con su música arcaica y agridulce. Nos toparnos con Mr. Jones y su imaginería en “Ballad of a Thin Man”: “Entras en el cuarto/ como un camello ceñudo/ Te pones los ojos en el bolsillo/ Y la nariz en el suelo/ Debería existir una ley/ Contra tu presencia”.
Dylan anuncia a los músicos de su banda y ofrece lo que todos parecían esperar para desatar el paroxismo: “Like a Rolling Stone” y “All Along the Watchtower”. Solo un encore: “Blowing in the Wind”, con esa letra que parece haber sido escrita ayer, aunque cumple 50 años. Sus frases nos golpean fuerte: “¿Y cuántas muertes harán falta para que (el hombre) entienda/ Que ya han muerto demasiados?”
Sí, Dylan es lo de hoy.
La conexión con México
Bob Dylan. Letras 1962-2001 debería ser un libro de cabecera para quienes quieran entender a Dylan y su tiempo. Además de la traducción de las canciones, incluye explicaciones sobre su origen y algunas interpretaciones sobre sus metáforas (por cierto, muchas de ellas relacionadas con la Biblia).
Varias canciones tienen que ver con México. Para empezar escribió dos tituladas “Romance in Durango” y “Goin’ to Acapulco”. Se dice que “Who Killed Davey Moore” tiene que ver con el boxeador cubano-mexicano Ultiminio Ramos, mientras “Just Like Tom Thumb’s Blues” y “Wanted Man” hacen referencia a Ciudad Juárez. Parte del soundtrack de Pat Garrett & Billy the Kid fue grabado en los estudios de Columbia en la Ciudad de México.
“No me hagas dar tumbos desde México al Tíbet”, canta en “True Love Tends to Forget” y, en “Something’s Burning, Baby”, le “acompaña el blues de México desde la última curva cerrada”. “Señor (Tales of Yankee Power)”, se dice en el libro, está inspirada en un “anciano ataviado únicamente con una manta, con los ojos de fuego y exhalando humo por la nariz, con quien Dylan se había topado en México en un tren hacia California”.








