El sexódromo: El recetario de los sueños húmedos
Aquí, en este laboratorio culinario del erotismo, solo les daremos unas cuantas recetas, sencillas y comunes, como arranque para que comiencen a guisar sus propios platillos.
México • Bienvenidos sean a la cocina del deseo. Pónganse cómodos, sírvanse una copa de vino tinto, pongan la música de su preferencia, colóquense un imaginario delantal que los proteja de algún goteo excesivo y prepárense para cocinar los más sabrosos sueños húmedos, sazonados con recuerdos, aderezados con anhelos, decorados con imaginación, servidos con gran deleite.
Aquí, en este laboratorio culinario del erotismo, solo les daremos unas cuantas recetas, sencillas y comunes, como arranque para que comiencen a guisar sus propios platillos. Ya encarrerados, se vale poner en baño maría sus memorias más candentes, hacer un delicioso caldo con algún efluvio aún presente de la noche anterior, desengrasar todos los engranes de su cuerpo y de su mente, glasear con su propio jugo sus deseos más intensos, macerar aquel antojo que desean concretar, sofreír caricias, roces, miradas, sensaciones.
Tomen los ingredientes mencionados y sigan mis instrucciones, queridos aprendices de cocineros de la pasión.
Beso a la Indiana Jones
¿Recuerdas aquel beso que te sacudió de tal manera que de inmediato se te paralizó… el corazón? ¿Ese beso húmedo, refrescante, travieso, que hizo que por tu vulva fluyera un río, apenas perceptible o sumamente caudaloso? Pues en este momento vamos a revivir todos los detalles de ese kiko juguetón e incendiario para que vuelvas a vivirlo en tus sueños.
Piensa en esa mirada llena de pasión que te llevó a acercar tu rostro al ajeno, de la manera en que los labios se unieron. Esos labios acolchonados, suaves, sabrosos, esos labios que ahora disfrutas, pero piensas que te gustaría que estuvieran rodeando tu glande, sirviendo de apoyo en la succión, siendo el marco de sensaciones intensas, convirtiéndose en exploradores que van hurgando, descubriendo, conociendo, intimando con tu más profunda piel.
Recuerda cuando tu lengua encontró otra lengua que la recorrió de un lado a otro y después salió de tu boca para explorar, para lamer tus párpados, tus mejillas, tu cuello, tus pezones, dando vueltas alrededor de tus senos, llegando a tu ombligo, bajando hasta tu pubis, tu vulva, tu clítoris, donde jaló y bebió como gatito hambriento. Esa lengua que después regresó a tu boca con sabor a ti, mientras tú, jadeante, seguías entregada a ese beso erótico.
Recuerda, memoriza. Ahora cierra los ojos, siente, saborea, regresa a ese momento… sueña húmedo.
Bocadito desconocido
Necesitas un rostro y un cuerpo que hayas visto alguna vez de pasadita, en el andén del Metro, en una revista, en un paso peatonal, en el coche de a lado una tarde de tráfico, en tu oficina, en aquella fiesta memorable. Debe ser alguien que solo viste por unos instantes, pero esos momentos bastaron para hacerte desear un encuentro erótico con él o con ella, un faje furtivo, un arrimón contra una pared descascarada, un roce mínimo de tu cuerpo y su cuerpo en un jardín bajo la luz de la luna.
Con esa imagen vas a crear un almíbar que te acompañe esta noche. Sexo con un desconocido. Una de las fantasías más comunes. Piensa, querida, en aquello que siempre has querido hacer, pero no has logrado concretar y hazlo con él. Llévalo a esa cama de sábanas blancas y vaporoso dosel sin dejar de mirarlo a los ojos, desnúdalo lentamente, escalfa su piel hasta que sea una duna suave, blanda, donde puedas rodar a tu antojo, sumergirte, morir, resurgir. Pídele que te amarre las muñecas a la cabecera, que cepille tu cabello, que te dé nalgadas, que frote su nariz contra tus omóplatos, que pase su lengua por tus deltoides. No lo vas a volver a ver, así que puedes ser tú sin complejos, máscaras, posturas. Tú sin nombre. Tú sin pasado ni futuro. Solo tú. Y solo él.
Fondea las curvas de esa chica que nunca habías visto y ahora puedes tocar, oler, saborear, aprenderte de memoria para que su recuerdo te dure toda la vida aunque no la vuelvas a ver. Conoce todos sus lunares, sus desniveles, sus huesos y sus puentes. Toca su superficie, navega en su interior. Bucea por sus profundidades, vuélvete conductor kamikaze de sus autopistas al deseo. Elévate con un mantra que escuchaste en su interior. Macérala. Sofríela. Ponla en punto de nieve. Glaséala… y sueña húmedo.
Té para tres
Tres cuerpos, tres bocas, tres sexos, seis ojos, seis brazos, seis piernas, 60 dedos, una cama. Nalgas y algas, dedos y huevos, cabello, piel, almíbar, leche, harina, pestañas, codos, axilas, miel. En esta receta lo menos que debes hacer es “concentrar” el guiso. Con tantos ingredientes, lo ideal es expandirlo, echarle levadura, hacer que se esponje todito y bien. Después convertir lo generado en una marea tibia, en un té para tres de cocción prolongada. Debes probarlo lentamente, mantenerlo caliente. Soñar.
Puré de pasión al estilo francés
J’attendrai dans le silence de la nuit que tu t’approches de mon côté et tu me chuchotes ton amour… Depuis longtemps, mon cœur, etait à la retraite, et ne pensait jamais devoir se réveiller, mais au son de ta voix j’ai relevé la tête et l’amour m’a repris avant que d’y penser… Le vrai amour n’a pas de fin, parce que n’a pas simplement de finale. Escuchas en un susurro. Siempre has querido tener una experiencia erótica con alguien que te hable en un idioma diferente, que te narre sus deseos, que te diga lo que más le excita con palabras que no comprendes pero sientes, que no conoces pero intuyes.
La lengua que seduce no solo es la que tenemos en la boca, sino la que aprendemos desde la infancia, ese idioma en donde podemos decir todo lo que sentimos, lo que gozamos, lo que anhelamos. También ese idioma en el que nos gusta ser seducidos, enamorados, atrapados.
Cierren los ojos. Esta receta lo único que necesita es una boca y un oído. Recuerden: están soñando. Y en sus sueños más prendidos hay un extranjero, una extranjera que l@s seduce, que les da el placer más profundo, que después se va musitando algunas palabras tras darles eso que Patricio Rey llamaba “un poco de amor francés” (o se queda y comparte su vida con ustedes).
Fondue Bourguignon a la leña
Muchas mujeres lo sabemos: mucho de excitante sigue teniendo la fantasía de hacer el amor frente al cálido fuego de una chimenea, mientras rodamos por el piso sobre una mullida alfombra y nuestro cuerpo es saboreado con deleite y calma junto con un poco de vino tinto por una pareja sabia, atenta, intuitiva, amorosa, excitante, apasionada, que nos ama por horas, nos escucha por horas, nos habla por horas.
Después, un baño en un jacuzzi burbujeante donde nuestro cuerpo se mueva en un suave vaivén, alejándose y acercándose al del otro u otra, dejándose llevar hacia un lugar misterioso que no nos importa ubicar, porque lo importante aquí es el viaje, no el destino.
El fuego de esta fondeu se puede apagar durante un rato pero revivirse a placer, para volver a meter los ingredientes en el recipiente y dejarlos en su jugo.
¿List@s? ¡A cocinar en sueños!
@draverotika
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