María
Rosario Robles
Para Rodrigo y César Augusto,
el más fuerte de mis abrazos
María de los Milagros es el nombre de esa mujer extraordinaria. Se nos fue. México la va a extrañar. Sus amigos ya la añoramos. Su muerte ha causado conmoción. Mucho se ha dicho y escrito de ella en estos días. La mayoría lo ha hecho sobre su impecable trabajo y su indiscutible liderazgo en el mundo de las encuestas, hoy tan cuestionadas después de las mediciones del último proceso electoral. Pero ella no era una encuestadora más. Siempre estaba creando, innovando. Tuvo por ello la capacidad de pronosticar la alternancia en el 2000, así como el triunfo de Zapatero y los socialistas españoles en el 2004, el que anunció incluso antes de los atentados terroristas del 11-M. Pero sobre todo se crecía ante los errores. En 2006 se equivocó con relación a los resultados de la elección presidencial y eso la llevó a una profunda revisión de su método. Empezó a crear un modelo para detectar los votantes reales por uno u otro candidato. En 2012 fue la que acertó gracias a esta labor de reflexión. No fue una casualidad. Era también una aguda comentarista de la situación del país. Una mujer comprometida con México, lúcida, profundamente inteligente, con una gran capacidad de comunicar, una guerrera. Muchos la admiramos por ello. Pero más la queremos por su solidaridad, su generosidad, su alegría contagiosa, su calidez. Yo la conocí desde la elección de Lázaro Cárdenas para el gobierno de Michoacán. Mi trato con ella fue más directo cuando realizó varias encuestas para el PRD siendo yo su presidenta. Algunos me dijeron en aquel entonces que no podía confiar en ella, pues su esposo era del PRI. Mi respuesta fue contundente: María es María, independiente, profesional. Siempre lo fue. Unos días después de la elección de 2006 me invitó a comer. Me propuso que fundáramos una empresa para apoyar a las mujeres en sus campañas. Ese año había sido de magros resultados para el género. Me encantó la idea sobre todo porque me daba la oportunidad de reconstruir un espacio de participación después de la dura campaña de la que había sido objeto. De hacer lo que me gustaba a partir de apoyar a las mujeres. Ese día brindamos y sellamos una amistad que sería entrañable. Así nació Sostén (Centro de Inteligencia), nombre que le daría la brillante Margarita Jiménez Urraca a la sociedad creada por mujeres para empoderar a mujeres y en la que participarían también Laura Carrera, Rocío Bolaños y Ana Vázquez Colmenares. Con Sostén se estableció un modelo específico para las candidaturas femeninas. Un modelo que ha dado resultados muy exitosos al grado de que fue adoptado y adaptado para campañas en general. Sostén fue para mí una luz en el camino cuando había sido confinada al ostracismo. Fue una plataforma a partir de la cual me reconstruí en un momento muy difícil. Se lo debo a María, a su solidaridad y generosidad enormes. Siempre le estaré profundamente agradecida por haberme tendido la mano sin importarle nada, sin juzgarme por nada. La quiero y la querré siempre por eso.
Pero María de las Heras era ante todo una mujer encantadora. Le gustaba cantar, escribir cuentos, componer canciones, tomar tequila y era la única persona en todo este mundo capaz de recitar caperucita roja al revés. Letra por letra, palabra por palabra. Con María era imposible no reír, no carcajearse. Era una castañuela. La recuerdo feliz enseñándole monerías a su primera nieta Natalia, la hija de su querido Rodrigo. La recuerdo radiante al saberse otra vez abuela ahora de un nuevo Rodrigo. La recuerdo como la luz y compañera de su esposo, César Augusto. La recuerdo parafraseando a Benedetti: “Defender la alegría como una trinchera… de las ausencias transitorias y de las definitivas… Defender la alegría como una bandera, defenderla del rayo y la melancolía. Defender la alegría como un derecho, defenderla de dios y del invierno, de las mayúsculas y de la muerte…” No te fallaremos amiga. No te vas. En nuestro corazón estarás siempre y juntas seguiremos defendiendo la alegría.
SER… O NECESER
Dice Ana Guerra que no nos hemos dado cuenta de que el chivito del arca de López Obrador es un infiltrado cuya misión es comerse las pruebas presentadas. Claro, las de papel, impensable que se trague un comal troquelado. Aunque en la fábrica de pruebas de AMLO todo es posible.








